Rodrigo Jarufe
Rector CFT Estatal Región de Valparaíso
En marzo del 2026 se cumplirán diez años desde la promulgación de la Ley 20.910, que dio origen a los 15 Centros de Formación Técnica Estatales. Una década que invita a analizar el impacto de esta política pública en el sistema de educación superior chileno.
Un reciente estudio del Consejo Nacional de Educación (CNED) entrega datos que son motivo de orgullo, pero también de nuevos desafíos. Entre las cifras más alentadoras destaca que estas instituciones han abierto las puertas de la educación superior a miles de personas que habían quedado al margen del sistema. De hecho, los estudiantes de los CFT Estatales registran, en promedio, 7,1 años fuera del sistema educativo al momento de matricularse, frente al promedio nacional de 4,8 años.
Si a lo anterior sumamos que un 65% de los estudiantes de los CFT Estatales residen en la misma comuna donde estudian —muy por encima del promedio nacional, que alcanza solo un 22%—, podemos concluir que la política ha cumplido con uno de sus principales objetivos: descentralizar la educación técnico-profesional. Todo ello, reforzado además por el beneficio de la gratuidad con que cuentan estas instituciones.
La expansión de estas instituciones ha sido notable. En 2018, solo había sedes en 2 comunas, pero para 2024, ya se encuentran en 37, y en el 62,2% de ellas no había ninguna otra opción de educación superior. Este crecimiento no solo responde a un aumento en la cobertura, sino que también refuerza la descentralización y acceso equitativo, llevando la educación técnico-profesional a lugares donde antes simplemente no existía.
En palabras del propio CNED durante su cuenta pública “estos datos nos permiten mostrar que los CFT Estatales no solo forman técnicos: reconectan trayectorias, reparan desigualdades y ofrecen efectivamente una segunda oportunidad”. Una frase que enorgullece a quienes estamos a cargo de liderar estos proyectos.
Otro dato relevante a considerar es que el 58% de los estudiantes de los CFT Estatales proviene de colegios públicos, más del doble en comparación con las universidades. A esto se suma que una parte considerable de estos alumnos ha pasado por programas de educación para adultos. En conjunto, estas cifras ponen de manifiesto el papel fundamental de inclusión y democratización de la educación, abriendo puertas de la educación superior a grupos que históricamente han sido marginados.
El desafío a futuro es claro: la acreditación. El CFT Estatal de la Región de Valparaíso está en un trabajo constante mirando su futura presentación ante la Comisión Nacional de Acreditación que será el 2030. Si bien quedan varios años por delante, cada paso que damos hoy es fundamental para llegar a ese proceso con la solidez que nuestros estudiantes y la región merecen.

